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¿Cómo ser feliz en el trabajo?

Sara Mendoza 13 junio 2018

Desde siempre, cada vez que una empresa busca cubrir un puesto, se tiene en cuenta el perfil que debe presentar el candidato según habilidades técnicas que se espera que maneje para desempeñar sus funciones. Con el tiempo –y en el nuevo milenio con mayor intensidad-, las empresas son cada vez más conscientes de que, más allá de los diplomas que pueda presentar un candidato, es muy importante saber también si esa persona cuenta con ciertas “habilidades blandas” (soft skills )que contribuyen a una mejor comunicación, mayor agilidad y eficiencia en las tareas que se requiere que desempeñe. 

Los conocimientos académicos son importantes pero, especialmente en los cargos de liderazgo de equipos, lo que realmente hará que un ejecutivo destaque a lo largo del tiempo son sus “habilidades blandas”, como: habilidades de comunicación, de negociación, creatividad; capacidad para trabajar en equipo, de motivar a su equipo y motivarse a sí mismo; efectividad para comunicarse con los otros (actitud de escucha y capacidad de expresión) sentido de la responsabilidad, honestidad, compromiso; actitudes proactivas en general al momento de enfrentar una dificultad y generar ideas innovadoras que contribuyan al crecimiento de la organización.  En definitiva, cualidades estrechamente relacionadas con la inteligencia emocional.

Actitud positiva

En las empresas, muchas veces se trabaja bajo presión.  Existen presiones externas e internas.  Y si a esto le agregamos la vida privada de cada uno de los colaboradores, el escenario se vuelve cada vez más complejo.  Entonces, ¿cómo se puede “sobrevivir a la locura” diaria del trabajo con actitud positiva?  Y esa actitud positiva proviene del hecho de que la persona sea FELIZ.  

El “ser feliz” implica conocerme a mí mismo, saber quién soy –con virtudes y defectos, capacidades y cosas por aprender-, qué quiero, qué tengo, qué quiero tener, qué me hace sentir bien.
El ser humano nace para ser feliz.  A lo largo de nuestras vidas, hay situaciones del entorno que pueden volvernos desconfiados, conflictivos, irascibles.  Sin embargo, siempre podemos elegir entre ser positivos o negativos.  Y esto es lo que diferencia a las personas FELICES de las que no lo son.

La felicidad se aprende, se ejercita

Existen personas negativas que siempre ven “el vaso medio vacío”.  Esto es una actitud de vida.  Hay que saber crear el hábito de ver las cosas en forma positiva, de rescatar lo bueno de una situación aún en los escenarios más hostiles.  Ante una situación crítica, no favorable, antes que preguntarse “por qué”, hay que preguntarse “para qué”…  Para qué me sirve lo que sucedió.  Qué aprendí, qué enseñanza me llevo para el futuro.  Es fundamental tener paz interior y esto se logra entendiéndonos a nosotros mismos y entendiendo al que tengo al lado.  Esta actitud constituye el camino hacia la felicidad.

La felicidad se transforma en productividad

En el mercado corporativo se sabe fehacientemente que una persona feliz es más productiva: desarrolla mejor sus competencias, puede trabajar en equipo sin conflictos, cumple mejor sus objetivos.  Por eso en los últimos tiempos surgieron políticas de empowerment a través de actividades para que la gente se sienta mejor consigo misma y con sus compañeros; se propician momentos y espacios para compartir experiencias no necesariamente relacionadas con el trabajo; charlas motivacionales, premios, etc. Todo esto procura que el empleado sea feliz.

Pero la "felicidad"es un estado interno, no proviene de afuera, es una actitud positiva ante la vida.  Aunque ya te contamos algunas acciones que puedes llevar a cabo para trabajar la felicidad de tus empleados, al final, cada persona es protagonista de su bienestar y debe gestionar su felicidad.  El ser feliz empieza en mí, en conocerme y saber qué actitudes son las que no aportan nada sino, al contrario, “restan” en mi relación con los demás.  

Hablamos en otra ocasión del employee branding y de la experiencia del empleado , que creo contribuirán también en la felicidad de los empleado pero hay que hacer mucho más. Para ser feliz hay que trabajar duro.  Es muy fácil caer en la tentación de echar la culpa afuera.  Y aunque lo externo condicione un resultado, hay que preguntarse “para qué”, para qué sucedió esto, qué enseñanza puedo sacar de esa mala experiencia.

Desarrollar la inteligencia emocional

Según Daniel Goleman, la "inteigencia emocional" es la capacidad de procesar y dirigir con éxito nuestras emociones.  Y esta habilidad debemos practicarla permanentemente.  Debemos ser conscientes de las emociones que se hallan tras nuestro comportamiento y, a la vez, del impacto que ejercen en quienes nos rodean (positiva y negativamente).  Debemos aprender cómo manejar esas emociones, tanto las nuestras como las que recibimos de otros, especialmente cuando estamos bajo presión.

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Sara Mendoza

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