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Teletrabajo y Relaciones interpersonales

Daniel Rodriguez
Daniel Rodriguez 21 marzo 2018

El Trabajo y sus relaciones

Entraba a mi trabajo a las 8:00 AM, por consiguiente, me levantaba a las 6:00 AM, me afeitaba, me daba una ducha, desayunaba y salía de casa con el cambio para viajar preparado. En la parada del colectivo, veía las mismas caras de siempre y comentaba lo mismo de siempre según el día -eso sí,  si era lunes: ¡fútbol!-. Luego, la rutina laboral: llegaba a la fábrica pronto; preparar el mate cocido, encender estufas o abrir ventanas, según la época, y, al sentarme en mi escritorio de la oficina técnica, comenzar con la agenda preparada la semana anterior, y de a poco, ir venciendo la inercia del fin de semana. 

Sonaba el teléfono -no antes de las 9:00 AM-, poniendo en conocimiento de quien estaba al otro lado de la línea -proveedor o cliente- que yo estaba o no, de acuerdo con mi necesidad o interés, guarecido en el anonimato que brindaba la atención de la telefonista. De esta manera era posible postergar una serie de problemas a resolver, que seguramente necesitaban de mi atención “urgente” poniéndolos en cola de espera, para ir resolviéndolos de acuerdo con mis propias prioridades. Cuando una persona ya tenía cierto grado de responsabilidad, nunca era posible tener más de un cliente (interno o externo), colaborador, jefe o empleado, esperando en el escritorio que una inquietud fuera resuelta inmediatamente, o contactando a quien fuera la persona indicada para resolverla.

Ni que hablar de que los inviernos antes eran mucho más inclementes. Además de todo lo descripto en los párrafos anteriores, había que estar presentes en la empresa, salvo que una gripe, angina, resfrío o al menos una fiebre alta, nos hiciera guardar los consabidos siete días o una semana de cama. También resultaba imposible manejarnos con ciertas libertades a la hora de los francos largos, fines de semana XL, feriados puente y nuevos feriados: íbamos y veníamos con toda la multitud o nuestro destino era el ostracismo del que no viajaba por no poder manejarnos de otra forma menos multitudinaria. 

Claro que hoy todas estas situaciones propias de ese tiempo -no tan lejano- confluyeron en un mismo determinante que a partir -y como consecuencia- de avances tecnológicos y socioeconómicos, cambiaron nuestras costumbres, modificando inclusive (¡¿y cómo no?!) hasta nuestros procesos y métodos laborales. En este nuevo escenario surgió el “Teletrabajo”.   

Teletrabajo o "trabajo a distancia"

El teletrabajo se entiende como “trabajo a distancia”, es decir, la persona puede trabajar para una organización, para el cumplimiento de sus objetivos, sin necesidad de encontrarse físicamente en una oficina dentro de la compañía o la fábrica o las oficinas comerciales.  Esto sucede actualmente gracias al avance en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).  Ahora se pueden vender productos o servicios, ayudar a solucionar una dificultad, mantener una reunión con clientes o proveedores desde un restaurante, un ómnibus, un ciber-café o incluso desde un lugar de vacaciones.  Desde luego que para esto se necesita contar con herramientas de alta tecnología que permitan esa conexión, esa comunicación: una PC o notebook, un Smart phone, una cámara digital, acceso a Internet, una dirección de correo electrónico (e-mail), aplicaciones (WhatsApp, FaceTime, Skype, etc.), telefonía IP, etc.  La persona que realiza “teletrabajo” tiene acceso a bases de datos, reuniones virtuales y transferencia de información, lo cual le permite tomar decisiones en tiempo real, maximizando su eficiencia dentro de los procesos productivos. Es un formato atractivo, conveniente, para gente con alguna limitación de movilidad, ya sea personal (física) o porque su posición requiere trabajar en equipo con personas ubicadas en diferentes lugares del planeta. 

Trabajo y Soledad

Varias de las tareas comentadas al principio del relato ya no se realizan. Ha cambiado la forma de comunicarse dentro de un grupo laboral, e incluso inter-grupos dentro de una compañía y hasta inter-compañías. Cuántas personas dejamos de ver. Ahora les enviamos un e-mail, un mensaje a través de redes sociales y/o laborales, realizamos una videoconferencia o compartimos un trabajo a través de una pantalla.

Si bien el Teletrabajo facilita la vida, los tiempos (no se tarda en viajar de casa al trabajo y viceversa, no se “pierde el tiempo” en los pasillos, conversando con algún compañero o tomando café en la cocina…) y se planifican las actividades de otra manera, el trabajador ya no vive el contacto personal con sus colegas -por lo menos no diariamente-.  Por un lado podemos estar en comunicación permanente pero, por otro, cambia la forma de relacionarnos, disminuye el contacto interpersonal, que muchas veces agrega valor a la tarea y enriquece nuestra experiencia.

En 30 años (y cambiando de siglo) pasamos de comenzar a usar una computadora como valor agregado para la empleabilidad de una persona, a dar por sentado que un empleado podría trabajar para una empresa sin siquiera aparecer en la compañía para una reunión, y mucho menos para cobrar (salvo en tareas específicas que requieran su presencia).

Entonces, si la aplicación del Teletrabajo en una determinada empresa es posible dada la mejora económica que representa en el ahorro de tiempos de traslado, reuniones virtuales, envío de información, múltiples tipos de dispositivos de comunicación, posibilidades de trabajo aun con problemas médicos que permitan el acceso a estos dispositivos y demás ventajas,  la pregunta no es Teletrabajo: sí o no, la reflexión es Relaciones interpersonales: ¿más o menos?, ¿mejores o peores? Éste es el nuevo desafío para los líderes de Recursos Humanos en el mundo actual.

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